Amigos muertos, familia que no te quiere, noches obscuras y solitarias, gente que te menosprecia, lugares que antes te hacían sacar una sonrisa, ahora te hacen llorar, ¿alguien puede vivir así?
Un sábado a la noche, 6 de la mañana, mis amigos salían del boliche, un auto, 5 chicos.
El sol estaba saliendo, ellos estaban volviendo a sus casas, pero no pudieron llegar, un accidente ocurrió, unos chicos que salieron del mismo boliche, conducían borrachos, la diferencia, ellos se salvaron mis amigos, no.
Unas imágenes volvían a mi memoria…
Luces rojas, otras azules y blancas giraban y hacían que mi cabeza diera vueltas al compás de estas, gente que se aproximaba a ver lo que había ocurrido, como lo hice yo apenas sonó mi celular con la mala noticia, gritos y llantos, ambulancias que cubrían cuerpos, esos cuerpos tan reconocidos por mí. Una digna pesadilla, una amanecer sombrío lleno de nubes que amenazaban con llover.
El, domingo, se realizaría el velorio, donde me despediría de aquellas personas que ahora son solo almas vagando por el cielo, en busca de encontrar la paz.
Una parte de mi se fue con ellos, dejándome destruida por dentro. No sabía cómo continuar, los necesitaba junto a mí.
Cuando aquella mañana Gris y lluviosa fui al velatorio supe y entendí, luego de un tiempo que ellos no estarían más aquí conmigo, acompañándome día a día con sus risas, cuyo sonido me provocaba felicidad dentro de mi alma.
Las horas, los días, y los meses pasaban, una eternidad, una lucha día a día sin su compañía.
Mi apariencia, se deterioraba cada vez más, ya no me importaba nada, mi alma estaba destrozada, no podía tener nuevos amigos, no quería, lo sentía como una traición hacia ellos.
A veces me gustaría volver a ser la que era antes, la que cantaba, la que decía cosas incoherentes, tocaba la guitarra, saltaba, reía, ahora solo quedaba un alma destrozada, apagada, sin luz, y sin vida.
Los días seguían pasando, y generalmente eran iguales, solo que ahora, un chico, uno nuevo, al menos yo nunca lo había visto antes, se acerco a mí, primero pensé que fue por lastima, pero luego entendí que no, ya que él no sabía nada de lo que me había pasado, ya que me pregunto porque estaba tan sola, siempre que me veía, me veía sin compañía, sin gente de mi edad, sin amigos. Digamos que un poco fue por lastima, lastima de que este sin amigos, pero él no sabía sobre el hecho que había ocurrido unos meses atrás, y gracias a eso, fue lo que a mí me dio confianza para poder hablarle y no sentir que doy pena.
Debo admitir que desde que lo conocí, todo cambio, al menos me hacía reir un poco más, y poco a poco hacía que en mi vida vuelva a entrar un poco mas de alegría y amor.
Ya pasaron dos años del accidente, tengo 19 años, y todavía sigo hablando con aquel chico, ese que me guio por el camino correcto de la vida, ese que me devolvió la alegría de cantar, de tocar la guitarra, de gritar, y de volver a ser la de antes.
Él fue y será mi único y mi primer amor, el que me devolvió el alma al cuerpo, nunca lo pude ver como un amigo, y nunca lo fue, solo agradezco a Dios por haber dejado que este chico, ese maravilloso hombre entre en mí.
Por suerte sé que, algún día todos nos vamos a encontrar otra vez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario